Archivos Mensuales: marzo 2012

Gracias al Duque del Arco

A 19 km desde la Puerta del Sol, en pleno Monte de El Pardo, se encuentra una gran finca agrícola de 32 hectáreas, propiedad de Patrimonio Nacional, que alberga uno de los jardines históricos más desconocidos de Madrid.

Para situarnos históricamente nos tenemos que remontar a principios del siglo XVIII, cuando el Duque del Arco, Alonso Fernández Manrique de Lara y Silva, Toledo y Vicentelo de Leca, conde de Montenuevo, Fuensaldaña y Montehermoso, adquirió una casa de labor llamada la Quinta de Valderodrigo con una gran finca de producción agrícola, ganadera y forestal, donde construyó un pequeño palacio y jardines de recreo. En un principio el entorno del jardín eran viñedos, pero han sido sustituidos por olivos y frutales.

En el  palacio, de una planta y bajo cubierta con buhardillas, destacan las decoraciones murales de papel pintado, el mobiliario, pinturas y alfombras de época de Fernando VII e Isabel II. Actualmente se utiliza para eventos institucionales.

 

El jardín se construyó sobre el cauce de un arroyo para que hubiera agua suficiente para las fuentes y estanques. Está compuesto por 4 terrazas unidas por escaleras, gradas y rampas estructuradas en torno a un claro eje de simetría roto por las dos magníficas coníferas – Wellingtonias – que fueron plantadas en la segunda mitad del siglo XIX, durante el reinado de Amadeo I. En la planta más alta se construyó una gruta, que actualmente tiene una verja de 1978, con el texto “Reinando Juan Carlos I Viva” (Esta finca estuvo muy unida a la actual Familia Real ya que se puso a disposición de los Príncipes de España para audiencias oficiales)

El jardín es el resultado de la mezcla entre elementos compositivos del jardín clásico francés, como son los parterres y los juegos de agua,  elementos espaciales del jardín italiano, como es su delimitación paisajística, y rasgos hispánicos, como la falta de conexión entre el palacio y el eje principal del jardín.

En vez de situarse en el centro del eje de simetría, sobre la gruta de la terraza superior, debido a una corriente de agua subterránea que por allí discurre, el palacio se tuvo que construir sobre una loma lateral, desde la que hay unas estupendas vistas del Monte de El Pardo.

Cuando el Duque falleció en 1745, sin descendencia, su viuda, María Ana Enríquez de Cárdenas, Condesa de la Puebla del Maestre y de Montenuevo, donó la finca al rey Felipe V, quien la incorporó al Real Sitio de El Pardo.

Os recomiendo ir dentro de un par de semanas cuando esten en flor las glicinias (las wisterias de “Mujeres Desesperadas”), que recubren las barandillas de la primera terraza.

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Siglos de azúcar

En pleno centro de Madrid, a poco metros de la Puerta del Sol, escondida entre calles bulliciosas y animadas por bares y restaurantes, está la calle del Pozo. Según cuenta la tradición, el nombre le viene de un pozo que exitía en la zona y que era famoso por los fenómenos misteriosos que se producían desde que se arrojaron dentro las reliquias de unos santos. Uno de esos misterios de los que puede enorgullecerse la ciudad son los dulces que salen cada día del horno de La Antigua Pastelería del Pozo, situada en el numero 8 de esta pequeña calle peatonal.

Fundada en 1830, con el nombre de ‘Horno de la calle del Pozo’, se mantiene tal cual, con su estética decimonónica de paños de madera haciendo de contras, con su caja registradora repujada y bruñida, de esas que ya solo se ven en las películas.

La pasteleria destaca por sus hojaldres (salados y dulces), por sus roscones de reyes, disponibles durante todo el año, y por sus turrones.

Un par de calles más allá, la competencia la pone Casa Mira, que es famosa por sus dulces navideños, especialmente por su turrones artesanales, que, según comentan, son los mejores de España… de Jijona, de Alicante, de coco, de avellanas,  guirlache, etc. Fundada unos años más tarde que la pastería El Pozo, 1855, se encuentra en la Carrera de San Jerónimo 30.