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Tapices, carruajes y otras joyas reales

Frente al Palacio de Oriente, junto a la Catedral de la Almudena, se está construyendo el que será el Museo de las Colecciones Reales, un proyecto ideado hace más de 13 años, cuyo germen se sitúa en un decreto emitido en 1936 por el gobierno de la II República que contemplaba la fundación del Museo de Armas y Carruajes. El nuevo edificio se levanta sustituyendo al antiguo muro de contención de ladrillo, realizado durante el reinado de Isabel II XIX por el arquitecto Ripollés.

El proyecto es un diseño de Tuñón y Mansilla, el mismo tándem que ideó el premiado MUSAC de León. El edificio se articula en 4 plantas principales, que albergarán un salón de actos, que se convertirá en centro cultural para el barrio de Palacio, así como el museo propiamente dicho.

Aunque ahora se ve blanco debido a la estructura de hormigón que define el edificio, en un futuro se recubrirá con losas de granito, siguiendo de este modo el patrón de estilo del Palacio Real.

Lo cierto es que el proyecto ha generado una importante controversia por su impacto visual sobre la cornisa con más caracter de Madrid. Muchas han sido las voces que se han alzado por el gran volumen edificado en una zona tan delicada. Yo también estoy de acuerdo en que su presencia es demasiado apabullante y habría apostado por eliminar una altura para que su impacto fuera menor.

Por contra, los espacios interiores son maravillosos, diáfanos y de gran belleza por las dimensiones y el ritmo de luces que penetran por los originales vanos. Destaco sobretodo la que será la sala de tapices, con una altura de más de 6 metros.

En una superficie 50.000 metros cuadrados construidos, se está construyendo un edificio de 40.000 metros cuadrados: 20.000 para almacenes y 20.000 públicos para las salas expositivas, biblioteca, el auditorio, la tienda y la cafetería, que contará con una terraza al aire libre en la zona común con la catedral de la Almudena. Aprovecho para sugerir al Obispado que aproveche la ocasión para acometer reformas en esa fachada de la catedral hasta ahora cerrada al publico.

 

Durante las obras se han encontrado restos de los cimientos del alcázar islámico, de la alcazaba y del Alcázar de Felipe II, algunas construcciones del siglo XVII, canalizaciones del XVIII y un enterramiento visigodo. En estos espacios musealizados está previsto realizar conferencias, conciertos y actos diversos.

Una de las peculiaridades del proyecto está en su recorrido que se ha estructurado en orden descendente, distinto al modo en que estamos habituados a visitar un museo, que es de abajo a arriba. La idea es terminar la visita dentro de los Jadines del Moro.

La colección se compone de 155.000 piezas procedentes de los fondos de Patrimonio Nacional (tapices, carruajes, mobiliario, cerámica, relojes, pintura), de los cuales, según dicen, más de la mitad nunca han sido expuestos.

Por ahora tendremos que esperar para poder disfrutar de este museo, ya que no está previsto que se inaugure en 2016.

Otra ménsula

Esta es la pareja de la otra ménsula publicada en el anterior artículo. ¡Que diferentes son! Como la noche y el día, como la juventud y la vejez. Dos caras de la misma moneda.

Ménsula

Ménsula del balcón principal en el edificio de la calle Sagasta Nº 20

Luis Gutiérrez Soto y los cines

 

Paseando por Madrid me topé con el cine Renoir Retiro. Era la primera vez que lo veía pero me resultaba muy familiar, me recordaba a otros cines que hay en Madrid: fachada de ladrillo rojo con decoración en piedra. Cuando llegué a casa me puse a investigar y, como no, es una obra de Luis Gutiérrez Soto, de 1939.

Gutiérrez Soto (Madrid 1900 – 1977) fue un importante arquitecto madrileño, uno de los principales representantes de la arquitectura racionalista española, que diseñó un gran número de cines en Madrid y otras ciudades españolas. En la capital tenemos suyos el cine Callao (1927), el cine Europa (1928), el cine Barceló – hoy discoteca Pachá (1930), el cine Rex (1937), el cine Amaya (1946)… y también se le atribuye uno de los cines de mi infancia, el cine España, en Marqués de Vadillo (hoy sustituido por un anodino edificio de viviendas)

Sus trabajos de arquitectura han enriquecido el patrimonio de Madrid, convirtiéndose en parte fundamental de la ciudad. Así, la imagen que tenemos de terminados espacios viene determinada por sus diseños, como ocurre con las plazas de Moncloa o la de Callao.

A pesar de que ya se han perdido algunas de sus obras más siginificativas, como el primer aeropuerto de Barajas o la piscina la Isla en el río Manzanares, su legado sigue vivo en un gran número de edificios repartidos por Madrid: el Bar Chicote (1931),  las antiguas Galerías Preciados (1940), el Ministerio del Aire (1942), la Unión y el Fénix en el Paseo de la Castellana…

Según los entendidos, sus dos grandes aportaciones a la arquitectura madrileña han sido la incorporación de la terraza-jardín a la vivienda urbana y la transformación del portal de acceso del edificio en un lugar de recepción o estar, lujosamente amueblada y decorada. Una vez más, vuelvo a recordar mi niñez y los portales con sofás, cuadros y lámparas en los que pasábamos nuestros ratos en días de lluvía.

 

Cementerio de la Sacramental de San Pedro, San Andrés, San Isidro y las Ánimas Benditas

Un día como hoy, 1 de noviembre, no cabe otra cosa que hablar de cementerios, difuntos y santos. 
 
Los camposantos son espacios dedicados a nuestros difuntos pero que, sin lugar a dudas, se han creado con la intención de que sean admirados por los vivos y, por eso, responden a los gustos estéticos de cada época y reproducen las tendencias artísticas en las que se enmarcan. A pesar de ello, la arquitectura funeraria posee la peculiaridad de ser una arquitectura libre, creativa, no sujeta a exigencias funcionales, lo que ha dado como resultado espacios únicos, de singulares características artísticas y de gran valor patrimonial. 
 
En la segunda mitad del siglo XVIII empieza a producirse un cambio de mentalidad en los usos funerarios de la sociedad europea, abandonando progresivamente la utilización de las iglesias como morada para el reposo de los difuntos y apostando por la creación espacios higiénicos, ordenados y modernos que estén destinados exclusivamente al enterramiento. Dentro de las reformas urbanísticas que configuraran la ciudad moderna, creada según los nuevos dictámenes de la sociedad burguesa e ilustrada, se establece el cementerio como una nueva tipología arquitectónica,  básica para el desarrollo urbano.
 
En 1811, en el Cerro de las Ánimas, la Archicofradía Sacramental de San Pedro, San Andrés, San Isidro y Ánimas Benditas crea el primer cementerio particular de Madrid, dos años después de que se construyera el Cementerio General del Norte, hoy desaparecido.

La primera actuación consiste en un pequeño patio rectangular de estilo castellano rodeado de muros columbarios, es el llamado Patio de San Pedro. Debido al éxito de este pequeño cementerio, que hizo aumentar el número de miembros de la Sacramental, se tuvo que construir un segundo recinto entre 1832 y 1838, de características similares al anterior, aunque de mayores dimensiones, el nuevo espacio se llamó Patio de San Andrés

En 1849 se termina la tercera ampliación, el Patio de San Isidro, muy diferente arquitectónicamente con respecto a sus antecesores. Se abandona el modelo castellano y se realiza un bello conjunto neoclásico dotado de galerías interiores con bóvedas de medio punto y cúpulas de casetones, que originariamente estaban profusamente adornadas. Es a partir de este momento cuando se abandona el carácter igualitario de los nichos, ya que las galerías interiores se destinan a las clases más pudientes.  En el centro del patio, se levanta un templete neorrománico que data de 1859. 

En 1850 se inicia la gran ampliación del siglo XIX, mucho más ambiciosa que las anteriores y que da lugar a la configuración actual. Es el Patio de la Purísima Concepción. El nuevo trazado consiste en un gran hemiciclo con 17 galerías y 18 pabellones que lo recorren lateralmente y que se comunica con una gran escalinata con los patios anteriores. En esta nueva construcción se da mayor importancia a las sepulturas en tierra, cada vez más solicitadas por las familias adineradas, lo que provoca la construcción de un gran número de mausoleos y monumentos funerarios que dotan al conjunto de una gran belleza artística y crean un ambiente evocador y romántico. En esta fase participan los mejores arquitectos y escultores del momento – arquitectos como Arturo Mélida, José de la Concha, José Segundo de Lema o José Urioste y escultores como Mariano Benlliure, Agustín Querol,… – que son requeridos para conmemorar a los personajes de mayor relevancia social del momento – Meléndez Valdés, Moratín, Donoso Cortés, Mesonero Romanos, Goya, Josefa Tudó – Princesa de la Paz – , el Infante Enrique de Borbón, Antonio Maura, Canalejas, Canovas del Castillo, Primo de Rivera, etc. Es en este patio donde se encuentran la mayoría de los panteones (210 de un total de 263).

El cementerio se siguió ampliando durante el resto del siglo XIX y comienzos del siglo XX, pero ninguno de los añadidos tiene la unidad y la belleza de los anteriores.