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Otoño en el Retiro

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Un buen plan para los sábados por la mañana

Ahora que empieza el buen tiempo, ahora que apetece salir a que nos de el sol, ahora que se empieza a agradecer la sombra de los árboles, es buen momento para disfrutar y aprender de nuestros parques y jardines.

Para este final de primavera os recomiendo las visitas que se están organizando desde el Instituto Arquitectura para conocer y valorar nuestro patrimonio verde.

Al igual que cuando nos enfrentamos a un edificio y, aunque no seamos conscientes del análisis que estamos realizando, nos detenemos en sus elementos compositivos (vanos, formas, esculturas, materiales…), al adentrarnos en los jardines hay claves que nos aportan información sobre lo que estamos viendo y con las que no estamos tan familiarizados.

Estas visitas se organizan como cursos en los que se explica in situ la organización del jardín desde el punto de vista espacial, una visión arquitectónica de los rasgos que lo caracterizan y su relación con el medio físico que lo condiciona.
Cada sábado, y a lo largo de dos horas y media, se irá desgranando la historia, la estructura y los recursos visuales usados en un jardín significativo en la Villa y Corte de Madrid.

Este próximo sábado, 26 de mayo, toca el turno del Capricho de la Alameda de Osuna, joya de finales del siglo XVIII, declarado Bien de Interés Cultural, que es fundamental para poder entender el jardín inglés y su implantación en España.


El sábado 2 de junio será el momento de la Finca de los Molinos, a la que ya me referí no hace mucho en una de mis entradas, donde se profundizará en la integración entre las explotaciones agrícolas y las corrientes paisajísticas de comienzo del siglo XX.


Para finalizar, el sábado 9 de junio, se abordará Madrid-Río, el nuevo espacio de convivencia creado en los últimos años y donde se ha adoptado un lenguaje acorde a las necesidades y gustos de este siglo XXI, distanciándose de las formas tradicionales de entender los espacios verdes.

 

Gracias al Duque del Arco

A 19 km desde la Puerta del Sol, en pleno Monte de El Pardo, se encuentra una gran finca agrícola de 32 hectáreas, propiedad de Patrimonio Nacional, que alberga uno de los jardines históricos más desconocidos de Madrid.

Para situarnos históricamente nos tenemos que remontar a principios del siglo XVIII, cuando el Duque del Arco, Alonso Fernández Manrique de Lara y Silva, Toledo y Vicentelo de Leca, conde de Montenuevo, Fuensaldaña y Montehermoso, adquirió una casa de labor llamada la Quinta de Valderodrigo con una gran finca de producción agrícola, ganadera y forestal, donde construyó un pequeño palacio y jardines de recreo. En un principio el entorno del jardín eran viñedos, pero han sido sustituidos por olivos y frutales.

En el  palacio, de una planta y bajo cubierta con buhardillas, destacan las decoraciones murales de papel pintado, el mobiliario, pinturas y alfombras de época de Fernando VII e Isabel II. Actualmente se utiliza para eventos institucionales.

 

El jardín se construyó sobre el cauce de un arroyo para que hubiera agua suficiente para las fuentes y estanques. Está compuesto por 4 terrazas unidas por escaleras, gradas y rampas estructuradas en torno a un claro eje de simetría roto por las dos magníficas coníferas – Wellingtonias – que fueron plantadas en la segunda mitad del siglo XIX, durante el reinado de Amadeo I. En la planta más alta se construyó una gruta, que actualmente tiene una verja de 1978, con el texto “Reinando Juan Carlos I Viva” (Esta finca estuvo muy unida a la actual Familia Real ya que se puso a disposición de los Príncipes de España para audiencias oficiales)

El jardín es el resultado de la mezcla entre elementos compositivos del jardín clásico francés, como son los parterres y los juegos de agua,  elementos espaciales del jardín italiano, como es su delimitación paisajística, y rasgos hispánicos, como la falta de conexión entre el palacio y el eje principal del jardín.

En vez de situarse en el centro del eje de simetría, sobre la gruta de la terraza superior, debido a una corriente de agua subterránea que por allí discurre, el palacio se tuvo que construir sobre una loma lateral, desde la que hay unas estupendas vistas del Monte de El Pardo.

Cuando el Duque falleció en 1745, sin descendencia, su viuda, María Ana Enríquez de Cárdenas, Condesa de la Puebla del Maestre y de Montenuevo, donó la finca al rey Felipe V, quien la incorporó al Real Sitio de El Pardo.

Os recomiendo ir dentro de un par de semanas cuando esten en flor las glicinias (las wisterias de “Mujeres Desesperadas”), que recubren las barandillas de la primera terraza.

Molinos en Madrid

En plena calle Alcalá, a la altura del metro de Suances, encontramos uno de los pocos ejemplos que hay en Madrid de arquitectura inspirada en la Secesion Vienesa: la Quinta de los Molinos.

En 1925, en una zona alejada del centro y rodeada de explotaciones agrícolas, el arquitecto César Cort y Botí construyó una finca de recreo rodeada por tierras de labor  con un marcado carácter mediterráneo. Tras su muerte y varios años de abandono, fue cedida al Ayuntamiento que la abrió al público durante la década de los ochenta.

La Quinta contiene tres grandes bloques bien diferenciados por descubrir: la arquitectura, el jardín y la explotación agrícola.

En el primer bloque destacan, por un lado, el palacete y la original pista de tenis de inspiración decó y, por otro, las fuentes y albercas de ladrillo ligadas a la tradición española.

El jardín está lleno de rincones con encanto, como la zona del estanque o las terrazas de flores que rodean al palacete. En esta zona se encuentran varios molinos de viento que dan nombre a la Quinta.

Otra de las sorpresas que ofrece esta finca son las tierras de cultivo de olivos y almendros, que se siguen trabajando y explotando manteniéndose fiel al espíritu de César Cort.

Ahora que se acerca febrero merece la pena reservar un poco de tiempo para ir a visitar este tranquilo jardín y disfrutar del espectáculo de los almendros en flor.

Leer desde 1919

Continuando con El Retiro, tengo que decir que siempre que voy me llaman la atención las bonitas bibliotecas que hay, concretamente las que están al lado de los monumentos a Benito Pérez Galdos y a los Hermanos Álvarez Quintero.

 Más información sobre el monumento: http://monumentamadrid.es/AM_Monumentos4/AM_Monumentos4_WEB/index.htm#ingra:mon10.14101

¡Esta biblioteca de la fotografía es de 1919! Me sorprende que ya desde principios del siglo XX hubiera un gran interés por parte de las instituciones públicas por fomentar el hábito de lectura y que fueran conscientes de la  importancia de mejorar y favorecer el acceso a la educación.

Pero lo que realmente me deja sin palabras es lo inocente que fueron al diseñar tan bellas bibliotecas. Que buena idea preparar un espacio para que los ciudadanos podamos ir a recoger y a devolver libros prestados, de un modo tan cívico, tan libres, tan en boga ahora con el actual moviemiento 15-M, pero qué mal pensado para un sitio como España donde lo público carece de valor… Me pregunto cuántas semanas estarían las estanterías con libros y cuántos años vacías.

Un dato esperanzador: Actualmente en España el índice de lectura es del 57%, de los que un 41% declara leer todos los días. Madrid se sitúa a la cabeza de este ranking con un 70,4%.

Pasear por el Retiro

Si alguien me pregunta que se puede hacer en Madrid cuando se está aburrido, no me lo pensaría dos veces: pasear por el Retiro.

El Retiro es uno de esos sitios en los que siempre pasan cosas, lleno de actividades y personajes de todo pelaje y condición: deportistas, artistas, farsantes, jubilados, familias, turistas, frikies, etc

Un ejemplo: El pasado domingo 16 de octubre sin esperarlo, me topé de bruces con el XXIII Certamen Nacional de Pintura Rápida. Me encantó ver el parque lleno de gente pintando. De entre todos los cuadros que pude contemplar me quedo con la acuarela de la imagen. Fue fascinante ver como con grandes pinceladas de agua y una nota de color iban surgiendo las forma del Palacio de Cristal.

Por si alguno está interesado, los cuadros se pueden ver en el Centro Cultural Casa de Vacas del Retiro hasta el próximo 30 de octubre.

Cómo hemos cambiado…

Revisando unas fotografías antiguas del Fondo Fotográfico de Santos Yubero de la Comunidad de Madrid, he encontrado esta foto de la inauguración del parque de la Arganzuela. Más castiza no puede ser.

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo Fotográfico M. Santos Yubero, 26441.22

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo Fotográfico M. Santos Yubero, 26441.22

Desde entonces, 1969, y hasta hoy, mucho ha cambiado el entorno del parque de la Arganzuela y mucho ha cambiado la sociedad española. Para empezar, el parque se llama “Madrid Río”, se ha soterrado la M-30 y se ha creado una “playa” (dicese fuente con chorros para caminar sobre ella) Los vecinos están encantados con el cambio, las arcas públicas no tanto.

En medio de estos cambios continuos en los que vivimos, los chulapos han desaparecido en silencio, sin darnos cuenta, por la puerta de atrás. Que pena de ciudad que no tiene ningún apego por sus tradiciones, pero así es Madrid, pasión por lo nuevo. La modernidad nos puede.